La literatura es humanidad. Y bajo ese lema, Los Poetas del 5, Movimiento comprometido en generar espacios para la creación y participación literaria emergente de nuestra  América Latina, se complace en presentar la segunda edición de la Revista Los Poetas del 5 El Salvador.

En esta oportunidad, compartimos la voz poética y auténtica de jóvenes talentos literarios de  México, Colombia y Centroamérica. 

Esperamos que esta selección de textos, hecha con mucho aprecio, sea del completo agrado de todos(as) ustedes, amigos(as) de la palabra.

 

 

Directora General
Gladys Mendía Gutiérrez

Director Editor
Néstor Danilo Otero

Consejo Editor
Marco Antonio Gajardo
Juan Antonio Vásquez
Adonis Baltazar Aparicio

Agradecimientos
Casa de la Cultura de Soyapango
Casa de la Cultura de Suchitoto


E-mail: lospoetasdelcinco@yahoo.es
Web site: www.lospoetasdelcinco.cl/elsalvador

 
     

 

PASAJERA  ETERNA

Ana Gabriela Padilla 

Encontrarse 
mirando banderas en la ribera 
de un parque sin país 
con las faldas azules 
extendidas al infinito 
y cubriendo 
las grietas del asfalto 
con palabras rojas; 
para saber 
que la elección profana 
de estrellarse contra el mundo 
es la misma 
ahogada en los atardeceres 
de tus ojos 
y los míos 
y en esta sed desmesurada 
del poema.
 
 

ESBOZO DE CUSCATANCINGO

Ana Gabriela Padilla 

A Ricardo Castrorrivas 
  
“Porque es pacífico este hogar, temeroso, 
y sólo al amor consagrado”. 
Carlos Martínez Rivas 
 
 

 
Allá 
cuando del escabroso suelo 
algunos recogen y rumian 
y atrévense a ensalzar 
sus colgajos 
fanática escritura 
que jamás ha visto 
el ojo fatigado del desvelo 
su parca lucecita del día siguiente 
 
nosotros subimos la loma 
que de la patria pende 
con la nada sana apabullez del tumulto 
estorbándonos
incólume pestaña 
que se nos metiera entre los ojos 
o incomodidad innata 
que ya arde. 
 
II 
 
Arriba esclarece el aire 
y el pecho puede aceptar la mano 
que a la agitación mengua. 
 
No hay otro mundo 
sólo la fluidez del barco aparcado 
donde el oído cierra paso 
a la idiotez murmullante 
que del canalla sale 
 
la gota del agua del hombre 
se desliza apresuradamente 
como inexplicable tarea de gastar la existencia 
lijarla 
asirla en su punto más fino. 
 
Hay nébula hierba 
aventajando del paladar hacia las sienes 
para elevar los seres 
dormitados en la penumbra 
materia que se nos tornara nuestra 
en ese espacio prodigioso. 
 
Me inclino a pensar en 
no dejo pasar a 
el díptero larvático 
acuchillando nuestra risa 
sus patas regordetas 
aspiradas en el abismo 
como sustento 
franco e irremediable. 
 
Que es frecuente 
esa gana de estar 
cuando la languidez no merma 
y retener todo el silencio 
que mi voz no pronuncia. 
 
Masaya, agosto 2006. 

Ana Gabriela Padilla 
Escritora salvadoreña, nacida en San Salvador, en 1984. Ha sido miembro del equipo organizador del Encuentro Permanente de Poetas de El Salvador. Es autora de un poemario inédito titulado: "Noctívagos". Colabora con revistas literarias centroamericanas y, además de poesía, escribe cuentos, artículos y reseñas literarias. Actualmente, reside en Nicaragua, donde se encuentra realizando estudios de Lengua y Literatura Hispánica. Con la selección "Aedes y otros poemas", obtuvo el segundo lugar, en el certamen interuniversitario "Carlos Martínez Rivas" de la UNAN-MANAGUA 
 

MONCHAYO

Baltazar Ruiz 
A Ramón Ruiz (Mi abuelo) 
 
El maestro con el corazón en trozos, 
la mente con recuerdos y amores, 
ojos vibrantes al sufrir dolores 
con su alma viva con versos y gozos… 
 
Habiendo perdido los años mozos, 
aún es de los arduos trabajadores, 
sabiendo de campiñas las labores 
de la vida conociendo los pozos. 
 
Férreo labrador de tierras mojadas, 
de ágiles dedos, guitarra cantora, 
alegre señor de las alboradas 
 
del alma, como la sutil aurora… 
¡Ay, tan melancólicas sus miradas! 
Un requinto que sin voz enamora… 

17/09/07 
 

AFRODITA

Baltazar Ruiz 

No es el mar 
-Afrodita- 
quien te da vida esta tarde. 
Sino mi corazón 
brumoso, 
impasivo, 
vasto de olas y versos 
que en su vaivén 
trata de encontrarte 
desde un lugar más profundo 
que el mismísimo 
tártaro.
 
 
 
 
 
Adonis Baltazar Aparicio Ruiz.

Nació en San Salvador, El Salvador, el 5 de enero de 1991. Estudiante de Tercer Año de Bachillerato en Salud del INSAL. Forma parte del taller literario Los Poetas del 5 de la Casa de la Cultura de Soyapango. 
 
 

 

TEMPLO SANTA LUCIA 
Silvia Ascencio 
 
Castillo que desde lejos te asomas. 
Puertas del buen camino de la vida. 
Manantial de luz de la fe obtenida. 
Devoción que iluminas mil aromas. 
 
Desde lejos sorprenden tus campanas. 
A tus lindos atrios ángeles llaman. 
Brillan luces de amor que nos aclaman: 
Son ojos abiertos esas ventanas. 
 
Me llena de la Virgen su ternura: 
Dándome bella mirada divina, 
linda Patrona de nuestra cultura. 
 
Tú para mi alma mejor medicina 
Y para mi corazón mejor cura… 
Santa Lucía, templo que ilumina.
 
 

HERMANOS CAÍDOS

Silvia Ascencio 

Tierra frígida, 
ojos que los vieron caer, 
oscuridad en plena luz del día, 
en tus brazos ellos vieron otro amanecer. 
 
Si manantiales fueron sus ojos, 
aquí en este suelo hay grandes heridas, 
el dolor y el despojo, 
al arrebatarles tristemente sus vidas. 
 
Riachuelos tiñeron a la tierra y al cielo 
porque para siempre serán testigos; 
así como también seguirán de duelo 
por nuestros fusilados amigos. 
 
El martirio tuvieron como abrigo, 
fue inmensa la tortura de nuestros hermanos. 
Esa historia triste es la que comparto, 
aunque sus muertes no hayan sido en vano. 
 
Infinidad de huellas que aún no se olvidan, 
en este sagrado lugar, 
por la pérdida dolorosa 
de nuestros hermanos caídos.
 

Silvia Rosalina Ascencio Rivera 
Nació en Tamanique, Departamento de la Libertad, El Salvador, el 27 de marzo de 1986. Actualmente, reside en la comunidad Zacamil 1 de Suchitoto. Integrante fundadora del Taller Literario Suchitoto Nuestro de la Casa de la Cultura de Suchitoto. 
 

POEMA PARA UN NIÑO

Juan Vásquez 

Niño dónde está tu secreto 
que te da tanta energía 
para pasar tan inquieto 
moviéndote todo el día 
 
Te levantas de la cama 
vas al patio, vienes a la cocina 
ríes con tu programa 
y no quieres tu medicina 
 
En tus manitas terrosas  
tienes gran energía 
para mover tantas cosas 
sin descansar todo el día 
 
Siempre estás preguntando 
con mucha filosofía 
y así aprendiendo y jugando 
se te hace muy corto el día  
 
Por ti no hay noches oscuras 
por ti no falta el cariño 
me gustan tus travesuras 
y tu perfume de niño.
 
 

UN POEMA LEJANO

Juan Vásquez 

Un día nueve de noviembre  
partiste en una fría madrugada  
dos años después y en Diciembre  
te encuentras en la tierra soñada.  
 
Al partir de la ciudad de Ahuachapán  
lloraron esos ojos tuyos  
por que en este pueblo se quedaban 
tus hijas que parecen dos capullos.  
 
Tu Patria no te quiso dar  
oportunidad de un digno trabajo  
por eso tuviste que emigrar  
como lo han hecho muchos desde abajo.  
 
Tu fuerza fundida como el hierro  
te hizo seguir siempre adelante  
atrás quedaba tu familia y perro,  
y tú acortando el camino caminante.
 

Pero tienes el coraje de un sargento  
eres guerrera de noble corazón  
tu camino fue de largo sufrimiento,  
lo lograste y cumpliste tu misión.  
 
Tus niñas pendientes a tu llamada  
se alegran con el eco de tu voz por  
la noche te sueñan en su almohada  
y oran por que te bendiga Dios.  
 
Paty, hija, que la esperanza doblegue tu fatiga  
que tengas más fuerzas en tus manos  
que seas cada día más amiga  
de la gente especial de los hispanos.  
 
A los amigos que siempre están contigo 
de mi parte un saludo navideño  
como muestra de amistad y de cariño  
de un poeta muy salvadoreño.  
 
24-12-07  
Ciudad de San Salvador, El Salvador.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Juan Antonio Vásquez García 

Nació en Berlín, Usulután, El Salvador, el 8 de febrero de 1952. Licenciado en letras. Su tesis de graduación versa sobre el análisis literario de la novela "Dolor de Patria" del escritor salvadoreño José Rutilio Quezada. A sus diez años participó en un concurso de poemas alusivos a la madre, patrocinados por la radio Oromontique de la ciudad de Santiago de María, Usulután, donde recibe reconocimientos por dos poemas. En 1966 resulta ganador de un concurso literario alusivo al décimo aniversario de la misma radio. En 1993 forma parte del taller de letras de la Universidad Francisco Gavidia. En 1995 obtiene tercer lugar y mención honorífica de los Juegos Florales de la Universidad Francisco Gavidia. En 2006 forma parte del taller literario Los Poetas del 5 de la Casa de la Cultura de Soyapango. En ese mismo año, exhibe sus pinturas al óleo en las Casas de la Cultura de Ahuachapán y Soyapango 
 
 

 DULCES OJOS 
Verónica Buendía

Dulces ojos transparentes  
-me ha dejado ver tu alma 
enamorada. 
Escucho tu voz entristecida, 
al parecer, es tu alma angustiada. 
 
Crece la ilusión perturbada…
¡Imaginándote! en sueños desesperado; 
¡escuchándome! cantarte un verso que  
con el alma te fue escrito. 
 
Mi senda alumbra con esos dos luceros  
que he de ver brillar un día,  
no dejo de pensar que fuiste musa,  
que yo enamorada versos escribía…

 
 
 
HÁBLAME

Verónica Buendía 

Háblame a distancia  
dime por qué tu ausencia…
Respóndeme en este cruel silencio. 
Aunque no pueda mirarte a los ojos. 
 
Hazme sentir que habrá en mí 
la fuerza de escucharte 
para esta vez entender tus palabras 
y marcharme de una vez 
diciéndote adiós.
 
 
 
 
 
 
 
 
 

 Verónica Buendía

Estudiante de Psicología. Escribe poesía y narrativa. Forma parte del Taller Literario Los Poetas del 5 de la Casa de la Cultura de Soyapango. 

 

OCTUBRE Y EL NIÑO DE LA CALLE

Iván Alejandro Villatoro  
 
Llegando los vientos de octubre 
el canto de los buses de la tarde 
el despertar de las paredes de ladrillo 
el baile de los árboles andantes, 
el viento liberando sus secretos, 
la tierra sofocando el sufrimiento 
el agua ahogando la esperanza, 
las sombras meditando a escondidas, 
la lluvia anegando la vida 
y las carreras de las diosas golondrinas 
decorando el paisaje de su triste realidad, 
realidad de piedra, 
realidad negada, 
realidad de niño... 
 
El niño con su tez morena como la tierra, 
mocoso, delgado, con un mundo en su cabeza por dentro, 
descalzo, su madre la calle y su padre la acera, 
el niño vigilado por la calle que crujía cada vez que 
daba un paso, 
buscando un lugar donde pasar la noche, 
y por fin, en medio de neblinas y basura putrefacta, 
el niño se encuentra pensando con la boca, 
estupefacto, ahogado en sus propios sentidos, 
pensando, mirando el por qué de su vida... 
 
Entretanto, el rugir de la calle, el silencio de la noche, 
el niño tratando de conciliar el sueño, 
aunque tenga por dentro un animal gruñendo, 
el reloj marca las dos de la madrugada, 
bandadas de murciélagos de fugaces colores, 
el niño durmiendo con su padre y en su madre, 
acompañado por sus eternos amigos, la basura y las 
moscas, 
revolcándose en su propio ser, sufriendo de frío, 
su cuerpo grasiento y helado, 
luchando por no descender, 
deseando el calor de una familia, 
aunque sea de mentiras; 
pero la niebla sepultó al niño, 
la noche mirando desde su cueva primitiva, 
el niño rodeado por personas invisibles, 
el niño muerto sin forjar su propio destino... 
 
La noche fúnebre devora a su inquilino, 
es arrojado a un vil abismo, chocando, 
compartiendo lugar con otros cuerpos, y por fin, 
el niño encuentra su familia y su destino, 
un puñado de tierra termina por asfixiar su último respiro, 
pero siguen cantando las paredes y los grillos, 
y la tierra embalsamando su inerte cuerpecito, 
sin recibir una leve muestra de cariño, 
fue abonando vanamente su destino...
 
 

Iván Alejandro Villatoro Contreras

Nació en San Salvador, El Salvador, el 2 de junio de 1993. Estudiante de Primer Año de Bachillerato General del Colegio Externado San José. Forma parte del Taller Literario Los Poetas del 5 de la Casa de la Cultura de Soyapango. 

 

CONVERSACIONES

Karen Méndez

Los ojos del cielo

hacían la digestión en mi garganta

la luna

me lanzaba versos

desde su cama,

buscaba oscuridad

para fotografiar su visita

con un leve gesto de impaciencia

le silbaba a las estrellas,

así me enamoré de la esperanza

que esta noche regalé

a mi mirada.

 

APRENDER

Karen Méndez

Me gusta que esté inconcluso

para que no comprendas

investigues,

me busques,

necesites de mí

y al encontrarme y encontrarte,

sepas que aún

no has comprendido

leer mi cabello.

 

de la Antología Poética Retornos

 

Karen Méndez

Nació en San Salvador, El Salvador, el 8 de diciembre de 1987. Integrante fundadora del Taller Literario Serpientemplumada de Soyapango. Estudiante de periodismo de la Universidad de El Salvador. En 2002, publicó su primer poemario titulado: “Ars Poética”.

 

 

21

René Novoa


Tu voz me sabe a camino,
a amanecer de un día,
a noche plagada de luces.
A veces se aleja de mí
y jura que es definitivo,
entonces quedo viéndome los pies
o muevo una mano
para espantar algún recuerdo.
En ocasiones regresa para cerrarme los labios
y abrirme los ojos,
y me cuenta que se enredó en una garganta,
en los muslos de alguna mujer
o que se sentó frente a la puerta de una casa,
en cualquier ciudad.

Tu voz se precipita en los caminos,
corrompe, resucita,
va desnuda por las calles
bailando una canción que nadie canta,
arrastra los pies
y nace un niño,
sabe de memoria los nombres,
los cumpleaños,
de todos los que han muerto;
corre
y los pájaros regresan,
corre
y aparece
–casi imperceptible–
una sonrisa en el rostro de los abuelos,
corre
y vuelve a mí, bailando.

Tu voz,
es la mejor cura contra los años.

Soledades

René Novoa

 

Hay soledades
que de tanta compañía están solas,
soledades que se nos marchitan en los labios,
soledades benignas,
soledades de a pie,
soledades que nos atrapan en el centro de una cama
y a la orilla de una hora,
soledades que invocan un llamado,
soledades giratorias,
soledades en voz baja,
soledades en los baños.

Hay soledades que espantan fechas y animales,
soledades que se ocultan en un puño,
soledades que no se cansan de esperar,
soledades compartidas,
soledades a medias,
soledades en un lente,
soledades que se deslizan por una espalda de mujer,
soledades que cierran los ojos,
soledades que aún fuman en la ventana.

Hay soledades que detesto por pequeñas
y porque sólo existen cuando vos estás dormida
o cuando yo camino lento.


René Novoa
Nació en Tegucigalpa, Honduras, en 1976. Sus poemas han sido publicados en diarios y revistas nacionales, así como en la revista alemana Portuñol y en la revista chilena Los Poetas del 5. Además, integra las antologías internacionales Colección Sensibilidades, Alternativa Editorial, Ourense, España (2002), y Letras Libres, Editorial Letras Libres y Libros de Autor, Ourense, España (2005).

 

SIN TITULO ALGUNO

Kenia López

I

La hora de mi muerte

marcará la huella

que el semen de mis palabras

dejó en  la montaña de tus sienes.

II

No supliques

ahora más que nunca

me niego a escuchar el grito

que desde tu vientre desgarra

las paredes de mi habitación

tragándose mis espantos

y la sombra del hombre que ayer fui

y no seré más.

III

Miro tus ojos

y abro la dura coraza

que envuelve al niño

que juega en la oscuridad.

IV

En la acera

todo se cae.

Y el viento por fin

recogió tus labios.

 

de la Antología Poética Retornos

 

Kenia López

Nació en Soyapango, el 29 de septiembre de 1987. Integrante del Taller Literario Serpientemplumada de Soyapango. Estudiante de Derecho en la Universidad de El Salvador.  Cultiva la poesía y la narrativa.

 

Edgar Alfaro Chaverri

“Del fruto de la boca del hombre
se llenará su vientre;
se saciará del producto de sus labios”
Proverbio 18:20

– ¿Qué tienes hoy para nutrir el alma?

– Pues verás:
tengo un poema aderezado
con especias celestiales
una palabra con cebolla
un verso con cilantro
un adiós con ajo inolvidable
y un amén con perejil...

El apio proverbial
va en el jugo de tomate
y la horchata es con azúcar
de no darse nunca por vencido
de postre tengo los tres tiempos
un Jesús en oración...

¿Qué más puedo ofrecerte, acaso
tomar un cafecito con Jehová Dios?

 

Edgar Alfaro Chaverri Soto.

Miembro fundador del Taller Literario Xibalbá en 1985, sus poemas han sido premiados en diferentes certámenes literarios del país, destacándose el segundo lugar obtenido con Noche bruja en 1995 en los XVIII Juegos Florales Salvadoreños de la Casa de la Cultura de Zacatecoluca, así como la mención honorífica que recibiera con el poemario Por los senderos iluminados de la U y otros poemas en el Certamen Roque Dalton de la UES en 1988 y el segundo lugar obtenido con Ven conmigo y otros poemas en el I Certamen Alfonso Hernández de ASTAC en 1990. En 1997 publicó la plaquette Noche bruja, Editorial Mazatli, también aparece en las antologías, Piedras en el huracán de la Dirección de Publicaciones e Impresos (DPI) de Concultura, y en Antología de una década, además, en Cuando el silencio golpea las campanas, de la Editorial Sombrero Azul de la Asociación Salvadoreña de Trabajadores del Arte y la Cultura (ASTAC). Colaborador del Suplemento Tres Mil del Diario Co Latino. Comparte sus conocimientos artísticos-culturales con talleres literarios de El Salvador, incluyendo al Taller Literario Los Poetas del 5 de la Casa de la Cultura de Soyapango.

 

 Huasipungo

Andrea Cote Botero

Muchas veces arriban a la noche
enloquecidos por el opio de su sangre.
Otras, van insertándose como relámpagos
por una ráfaga de miedo
seguidos por una procesión de blancos
derramados en la arena.
Ahora serán ellos los esclavos
teñidos por su sangre
rasgándose la ropa
danzan gimiendo del lado de la hoguera
sus cabellos crepitantes
sus lenguas enroscadas entre llamas
la muerte ebria de venganza
reflejada desnuda en los puñales
una cabeza blanca entre los mares
partida a latigazos
ellos eyaculan sobre sus tumbas profanadas
regresan hasta sus lápidas abiertas
por una fiebre de cien años.

del libro La Merienda

 

Puerto quebrado

Andrea Cote Botero

Si supieras que afuera de la casa,
atado a la orilla del puerto quebrado
hay un río quemante
como las aceras.

Que cuando toca la tierra
es como un desierto al derrumbarse
y trae hierba encendida
para que ascienda por las paredes,
aunque te des a creer
que el muro perturbado por las enredaderas
es milagro de la humedad
y no de la ceniza del agua.



del libro Puerto Calcinado

Andrea Cote Botero

Nació en Barrancabermeja en 1981. Es Licenciada en Español y Literatura de la Universidad de los Andes, de Bogotá. Se ha desempeñado como docente de Literatura. Entre 1999 y 2001 dirigió el Festival Internacional de Poesía de Barrancabermeja. Ganó el Concurso Nacional de Poesía Universitaria, convocado por la Universidad Externado de Colombia en el año 2002. Es colaboradora del Festival Internacional de Poesía de Medellín. Sus poemas han sido publicados en periódicos y revistas de Colombia, México y Nicaragua.

Es la autora del libro Puerto calcinado (2003), publicado por la Editorial de la Universidad Externado de Colombia en la colección Un libro por un centavo que circula con la revista El Malpensante. Poemas de Puerto Calcinado han sido traducidos al inglés, italiano, macedonio, alemán, francés y árabe y han sido incluidos en varias antologías de poesía. En palabras del poeta Juan Manuel Roca, Puerto Calcinado “revela un impulso por no escamotear ni la tragedia, ni el olvido, en los que se envuelve nuestro drama individual y colectivo”. Según lo señala la poeta colombiana Piedad Bonnett: Andrea Cote es hoy por hoy una de las voces jóvenes más interesantes de nuestra poesía. La suya recrea, en un lenguaje ambiguo, pleno de significados, un mundo muy propio, de tendencia intimista, poblado de elementos recurrentes que señalan la urgencia de sus fantasmas, la necesidad de transformar la experiencia en palabra.

Otros libros publicados son: Blanca Varela y la escritura de la soledad (2004) y Una fotógrafa al desnudo. Biografía de Tina Modotti (2005). En el año 2005, recibió el Premio Mundial de poesía joven “Puentes de Struga”, otorgado por la Unesco y el Festival de Poesía de Macedonia. En 2007, su poemario inédito A las cosas que odié, recibe Mención en el Premio Internacional Rubén Darío otorgado por el P.E.N. Club de España a la joven poesía latinoamericana. Andrea Cote Botero ha sido traducida, entre otras lenguas, al inglés, francés e italiano.

 

NOCTURNO

Jorge Ramírez

El polvo me ha llamado

en su voz dulce y ajada.

 

Me ha llamado, una, dos

o cuatrocientas mil veces.

 

Su voz de guitarra triste y llorona

Interpretan el silencio lúgubre de la noche,

celebrando en vino añejo

el mitin tieso de la muerte.

 

Soy un pájaro nocturno

para la mujer y para la copa

recorriendo la piel de las flores

en el lecho suave de las sombras.

 

Cultivando en los bares amistades

y escupiendo mis versos, en los labios femeninos.

 

No soy dueño de nada

ni nadie me manda mis sueños,

sueños que se quedarán quietos,

cuando me bese la muerte…

 

del libro Mi Patria en el Corazón.

Jorge Ramírez

Poeta salvadoreño. Nació en Soyapango, el 18 de agosto de 1965. Fundador de los talleres literarios "Barbasco"(1987), "Izote"(1997) y  “Los Heraldos de la Noche” (2008) Sus obras poéticas: "Mariposa Azul" ,"Escarcha" y “Mi Patria en el Corazón”

EN FUGA

Mónica Gameros

¡Mira, obsérvalo con calma!
Con paso lento, posa tus ojos sobre él.

¡Escucha el sonido de su desintegración!

Shhh, Susurra…
¿No lo escuchas?
Es el tiempo que se resbala;
que se va sin que puedas hacer nada.

Se resbala, se escurre, se escapa…
se fuga en finos hilos luminiscentes,
a máxima velocidad,
se te va por las grietas de tu mano rota
.



Mónica Gameros García

Nació en México, D.F., México en 1971. Escritora, Periodista, artista visual y radioasta. Mención honorífica en la selección “Poetas en contraflujo” de la VI Feria del libro de la Ciudad de México, 2006. Dirección editorial de la Colección DESTOSDEMEDOS, Dirección y producción editorial del proyecto de periodismo independiente Cyberradio Alternativa con revistas: Grado Cero magazine (revista cultural y científica), Metamorfosis radioactiva (Radioarte), CyberRevista y Moonsterradio (revistas poéticas).

 

LA ESPERANZA

Néstor Danilo Otero

Me pregunté esta mañana:
¿Qué es la esperanza?
Hice una pausa y respondí...

La esperanza es,
un faro iluminando al mundo,
un libro esperando ser leído,
un trino de torogoz eterno,
un vivir sonriendo,
un vivir soñando.
La esperanza está,
en el niño que asiste a la escuela,
en los hombres y mujeres que luchan,
en las lágrimas de una madre cariñosa,
en el libro de libros,
en la vida,
en el creciente y necesario amor.

Es la esperanza.
El mundo necesita esperanza.


Octubre, 2004.

Néstor Danilo Otero

Nació en San Salvador, El Salvador, el 7 de noviembre de 1978. Estudiante de Licenciatura en Ciencias Jurídicas. Editor del blog Patria Literaria. Fundador y coordinador de los talleres literarios Los Poetas del 5 (2006) y Suchitoto Nuestro (2007). Colaborador con medios de comunicación escritos alternativos.

 

LOS ZAPATOS Y EL SOMBRERO MÁGICO DE VIOLETA

Silvia Ascencio

Taller Literario Suchitoto Nuestro.

Casa de la Cultura de Suchitoto.

 

Había una vez en un pueblo muy lejano, cuyo nombre no recuerdo, donde hacía varios años la gente no vivía en paz y nunca nadie sonreía y tampoco conocían el don de la felicidad porque todo en el pueblo era dolor, angustia y desesperación. En aquel lugar, en una humilde casa hecha de paja con ventanales de zacate, con piso de tierra y piando la pobreza se encontraba una señora de buen candor esperando con ansias un bello regalo del cielo. Su nombre Soledad. Al igual que los demás habitantes era parte del silencio pueblerino junto a su padre Don Belarmino quien siempre era visto sentado en un viejo taburete, fatigado de la vida, con su cabello nevado y sus ojos melancólicos deletreando unas lecturas de la Biblia con unos pedazos de lentes que un día se encontró en el parque. La señora Soledad siempre lo acompañaba.

— Papá!dijo Soledad— tienes que acostumbrarte a como es la vida en el día de hoy, aunque yo espero que algún día vuelva a ser como en los viejos tiempos.

El anciano triste, respondió:

— No sé si mis ojos verán nuevamente un bonito amanecer.

Y así pasaban los días hasta que Soledad, una noche cuando la luz de la luna estaba en su esplendor, trajo al mundo a una hermosa niña, brillante como las estrellas y tan mágica como el viento que se lleva el olor de las rosas. La niña en sus ojos dibujaba una alegría infinita. Soledad junto a su padre decidieron llamar a la pequeña Violeta porque su lindura era igual a la de las flores. Soledad, a pesar que su esposo había fallecido entre la oscuridad de aquel pueblo, se esforzaba por ser feliz con su pequeñita. Fueron pasando los días, las semanas, meses y luego los años… Violeta había crecido. Su madre había conseguido un humilde trabajo de
lavandería. En una ocasión, Soledad llevo a Violeta a su lugar de trabajo. La casa de los patronos era muy grande y lujosa. Con unas salas hermosas y unos jardines florecidos. Lo tenían todo. Bueno, casi todo. Porque no tenían la llave especial del amor. La pareja de esposos de esta casa siempre discutían por todo. El hombre maltrataba a su mujer. Le daba golpes como quien entrena en boxeo. Sus hijos le temían y se escondían debajo de las camas. Miraban el sufrimiento de su madre.

Ubicada en su área de trabajo, Soledad comenzó a lavar, mientras la niña le
preguntaba:

— ¿Madre, aquí también pasan encerrados como mi abuelo?

— Sí, hija. Sólo van del trabajo a la casa.

— Pero, ¿madre, por qué estos niños se miran tristes?

— No lo sé chiquita de mi alma. No lo sé… —contestó la señora un poco triste, porque sabía muy bien de la vida sufrida de los niños de ese pueblo.

Pronto regresaron ambas a su modesta casa.

La niña Violeta desconocía del dolor y sufrimiento que vivían todos porque ella siempre le sonreía a la vida. En su rostro figuraba una felicidad enorme. La gente se asombraba al mirarla.

Un día Violeta muy ansiosa le preguntó a su abuelo:

— Dime abuelito lindo, ¿Por qué los vecinos y tú viven muy tristes y desesperanzados?

Don Belarmino con los ojos llenos de lágrimas le dijo:

— Cuando yo era un niño, igual que tú, este pueblo era muy feliz. En los árboles siempre habían aves entonando sus cantos. En las tardes, la familia toda unida, disfrutaba de un hermoso atardecer al compás de la Orquesta Sifónica del Pueblo. Era tan marivolloso que desearía volver a esa época.

— Pero abuelito, ¿por qué ahora viven en silencio?, ¿Ni en el día hay personas en el parque?, ¿Ni en el árbol más lejano se escucha el trino de una ave?

— Pues, porque hoy —dijo Don Belarmino sollozando— el tiempo ha cambiado tanto. Porque hasta me acuerdo que la vecina de mis padres, compartía con nosotros unos de sus ricos frijolitos que cocinaba. Todo era paz y armonía. Pero con el transcurso de los años todo cambió. El tiempo fue perdiendo todo lo bueno que tenía. El amor se transformó en odio. El respeto falleció sin darnos cuenta. Y así transcurrieron los años. Mis padres murieron. Yo formé mi propia familia. Nacieron mis hijos, entre ellos, tu mamá. Y así también cambió el pueblo. Pues como verás, mi chiquita, ni en los árboles más bellos hay un pájaro cantando. Así ha ido muriendo nuestra paz y alegría.

— Abuelito, no te pongas a llorar…

— Me duele el dolor actual de mi gente. ¿Cómo es posible que la vida no valga nada, que la juventud viva sin propósitos, que los padres maltraten a sus hijos y los hijos irrespeten a sus mayores?
No hijita mía, la respuesta no está en tener cosas haciéndoles el mal a los demás.
Esto se ve sin futuro creo que moriré sin mirar la anhelada paz.

— No, abuelito. Verás que no. El tiempo cambiará y aún será mejor que antes. Porque yo le voy a pedir a Diosito para que nos ayude.

— Ojalá, chiquita de mi corazón, Dios nos escuche! —dijo Don Belarmino, un poco consolado. Mientras que la niña para verlo sonreír un poco le contaba chistes e historias muy bonitas. Pero, era imposible borrar la tristeza de aquel anciano.

Ya entrando a la semana de festejos de aquel pueblo, como tradición de todos los años, a todos los niños y niñas les regalaban un obsequio. Así Violeta estaba muy ansiosa porque llegara ese día.

— Oh, Dios! —comenzó a decir Violeta— Tú que todo lo ves, ayúdanos a salvar a nuestro pueblo que está atado al dolor y a la angustia. Hazme ese milagrito.

Y así se durmió la niña con ese pensamiento tan noble.

Entró en un sueño tan maravilloso en donde ella se miraba con un sombrero y un par de zapatos mágicos que la hacían volar entre las nubes. Esto a la gente, le causaba gracia y sonreía sin temor. Se olvidaban del dolor que les acongojaba. Y así siguió soñando la niña, viendo a su pueblo libre de la miseria y de tanto sufrimiento.

En la mañana siguiente, despertó con el cantar de los gallos. Los encargados del pueblo pasaron de casa en casa, dejando el regalo de cada pequeño. Tocaron a la casa de Violeta. Soledad y Don Belarmino, recibieron el regalo de la pequeña.

— Hija, ¿no vas abrir tu regalo? —dijo soledad.

— No, madre. Lo haré después. Se me hace tarde para ir a la escuela.

— ¡Qué Dios te bendiga hija!

— ¡Hasta pronto, mamá y abuelito!

Violeta iba muy entusiasmada rumbo a la escuela porque era el día de la fiesta. Al salir al primer recreo, reconoció a un niño, hijo de los patronos de su madre, que estaba en lo mejor de darse a golpes con otro niño.

Violeta corrió para donde ellos e interrumpe la pelea.

— ¿Qué les pasa, por qué están peleando?

El menor reconocido por Violeta, le contestó:

— Pues mira pequeña si mi padre todos los días golpea a mi mamá. ¿Por qué yo no puedo hacer lo mismo con el compañero?

A lo que Violeta respondió:

— Pero tu padre no vino a la escuela y nunca supo de moral. Tú aún puedes cambiar porque te estás educando para ser un hombre de provecho a la sociedad. Y acá en la escuela nos enseñan a fraternizar con nuestros compañeros para que tengamos paz y un mundo mejor.

El niño se sintió mal y pidió disculpas al compañerito agredido.

— Gracias, por hacerme razonar —dijo el niño.

— Recuerden compañeros de que si sus padres no tienen valores, pues nosotros
enseñémoselos a ellos —concluyó Violeta.

Al llegar la noche, la pequeña Violeta, se acordó de que no había abierto su regalo todavía. Llegó a su camita encordelada de cuero de vaca y comenzó a descubrir su regalo. Su sorpresa fue que el regalo consistía en un par de zapatos y un sombrero mágico. La niña se quedó muy asombrada porque eran los mismos que había
soñado.

La niña se puso los zapatos y luego el sombrero. Pensó en volar y ya estaba volando. Violeta se sentía tan feliz que pensó en contárselo a su madrecita y abuelito.

— ¡Este regalo es maravilloso! —dijo Violeta. Es el mejor que haya tenido en mi vida. Nunca pensé que mi sueño se hiciera realidad.

Luego los tres —Soledad, Don Belarmino y Violeta— se fueron a la iglesia. La pequeña llevando la caja del regalo. En el camino, un grupo de hombres de mala cara, los detuvieron para hacerles muchas preguntas.

Uno de esos malhechores les preguntó:

— ¿Es verdad que ustedes son las personas más felices de este pueblo?

A lo que Don Belarmino contestó:

— Si los demás no son felices, ¿cómo podemos nosotros estar alegres? Nuestro pueblo está llorando a gritos agigantados. ¿Cómo crees que vamos a reírnos si también nuestras lágrimas caen al ver a este pueblo apagársele la vida?

Los hombres poco entendieron las palabras de aquel anciano. Otro de ellos le preguntó:

— ¿Por qué dices esas palabras anciano sin razón, si apuras penas has salido hoy de tu choza?

Violeta les dijo:

— Las palabras de mi abuelo son muy ciertas y sabias porque vivió la paz, la justicia y la libertad en su tiempo y hoy le causa mucho dolor mirar a su pueblo encarcelado en la miseria.

Aquellos hombres quedaron boquiabiertos al ver la madurez precoz de la niña. Uno de ellos dijo:

— Esta niña es demasiado extraña.

Otro, frotándose la quijada, le preguntó:

— ¿Acaso eres mágica chiquilla?

Y el último de ellos la miraba de pies a cabeza y exclamó:

— ¡Esta niña es un ángel del cielo!

Sin decir una palabra más, aquellos hombres, se marcharon. Mientras que Violeta y su familia seguían su camino a la iglesia.

Antes de llegar a la iglesia. Violeta se percató del llanto de una menor que trataba de esconderse en una de las bancas del parque. Violeta dejó a su familia por un instante y se acercó a la niñita y le preguntó sutilmente:

— ¿Por qué estás llorando?

— Porque tengo frío y mucha hambre.

— ¿Y tus padres?

— Mi mami me dejó acá mientras busca algo de comer para las dos.

— ¿Y tu papá?

— A él nunca lo conocí.

En ese momento, Violeta recordó que también ella no había conocido a su padre. Pero sabía mucho de él, a través de Soledad, quien le contaba que cuando él supo la noticia de que ella estaba embarazada, el muchacho hasta bailaba de cabeza como un trompo. Además, en sus primeros meses de embarazo, el padre de Violeta, arrullaba canciones en el estómago de Soledad hasta el día fatídico de su muerte.

Por tal razón Violeta era una niña llena de amor y ternura porque sus padres desde que estaba en el vientre le daban todo el cariño del mundo.

Violeta conmovida le regaló a la menor su único suéter y un par de monedas que andaba en su pisterita.

La menor agradecida, abrazó fuerte a Violeta. La familia de Violeta acompañó a la menorcita hasta que llegó su mamá.

Violeta y su familia siguieron su camino hasta llegar a la iglesia.

Estando en el lugar, Violeta se dirigió corriendo hacia el altar, se arrodilló, luego cerró sus ojos y comenzó hacer la siguiente oración:

— Oh Dios!, gracias te doy por el regalo. Sé que tú me lo has enviado porque es bonito y mágico. Pero para mí la mejor magia que tiene que haber es la sonrisa de los niños y que ellos no sufran hambre y frío; que sus madres no sean maltratadas por sus esposos; que los hijos respeten a sus padres tanto como los padres
a sus hijos para que hoy en esta fiesta nazca solamente amor. Y que en el mundo entero no haya más guerras y que reine la paz en los hogares y las naciones.
Como bien dice mi madre, sólo tú nos puedes ayudar a cambiar a nuestro pueblo y al mundo, por eso yo te ofrendo este par de zapatos y este sombrero mágico, aunque son muy especiales para mí. Pero, tú me conoces y sabes que para mí, la mejor magia es el amor.

Y dejando su regalo en el altar, salió Violeta de la iglesia junto a todos los niños del pueblo rumbo al parque a la quema de pólvora. Dando inicio la reventazón de juegos pirotécnicos, en el cielo solamente se dibujaban con las luces el par de zapatos y el sombrero mágico que Violeta había dejado en el altar.

En ese mismo momento, los padres acariciaban a sus hijos. Los esposos abrazaban a sus esposas. La gente sonreía amigablemente como quienes acababan de despertar de un letargo. Don Belarmino abrazando a Violeta, esta vez lloraba de la felicidad infinita que sentía. Soledad inició un coro alegre de amor y paz y todo en aquel pueblo cambió.

***

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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PASAJERA  ETERNA

Ana Gabriela Padilla 

Encontrarse 
mirando banderas en la ribera 
de un parque sin país 
con las faldas azules 
extendidas al infinito 
y cubriendo 
las grietas del asfalto 
con palabras rojas; 
para saber 
que la elección profana 
de estrellarse contra el mundo 
es la misma 
ahogada en los atardeceres 
de tus ojos 
y los míos 
y en esta sed desmesurada 
del poema.
 
 

ESBOZO DE CUSCATANCINGO

Ana Gabriela Padilla 

A Ricardo Castrorrivas 
  
“Porque es pacífico este hogar, temeroso, 
y sólo al amor consagrado”. 
Carlos Martínez Rivas 
 
 

 
Allá 
cuando del escabroso suelo 
algunos recogen y rumian 
y atrévense a ensalzar 
sus colgajos 
fanática escritura 
que jamás ha visto 
el ojo fatigado del desvelo 
su parca lucecita del día siguiente 
 
nosotros subimos la loma 
que de la patria pende 
con la nada sana apabullez del tumulto 
estorbándonos
incólume pestaña 
que se nos metiera entre los ojos 
o incomodidad innata 
que ya arde. 
 
II 
 
Arriba esclarece el aire 
y el pecho puede aceptar la mano 
que a la agitación mengua. 
 
No hay otro mundo 
sólo la fluidez del barco aparcado 
donde el oído cierra paso 
a la idiotez murmullante 
que del canalla sale 
 
la gota del agua del hombre 
se desliza apresuradamente 
como inexplicable tarea de gastar la existencia 
lijarla 
asirla en su punto más fino. 
 
Hay nébula hierba 
aventajando del paladar hacia las sienes 
para elevar los seres 
dormitados en la penumbra 
materia que se nos tornara nuestra 
en ese espacio prodigioso. 
 
Me inclino a pensar en 
no dejo pasar a 
el díptero larvático 
acuchillando nuestra risa 
sus patas regordetas 
aspiradas en el abismo 
como sustento 
franco e irremediable. 
 
Que es frecuente 
esa gana de estar 
cuando la languidez no merma 
y retener todo el silencio 
que mi voz no pronuncia. 
 
Masaya, agosto 2006. 

Ana Gabriela Padilla 
Escritora salvadoreña, nacida en San Salvador, en 1984. Ha sido miembro del equipo organizador del Encuentro Permanente de Poetas de El Salvador. Es autora de un poemario inédito titulado: "Noctívagos". Colabora con revistas literarias centroamericanas y, además de poesía, escribe cuentos, artículos y reseñas literarias. Actualmente, reside en Nicaragua, donde se encuentra realizando estudios de Lengua y Literatura Hispánica. Con la selección "Aedes y otros poemas", obtuvo el segundo lugar, en el certamen interuniversitario "Carlos Martínez Rivas" de la UNAN-MANAGUA 
 

MONCHAYO

Baltazar Ruiz 
A Ramón Ruiz (Mi abuelo) 
 
El maestro con el corazón en trozos, 
la mente con recuerdos y amores, 
ojos vibrantes al sufrir dolores 
con su alma viva con versos y gozos… 
 
Habiendo perdido los años mozos, 
aún es de los arduos trabajadores, 
sabiendo de campiñas las labores 
de la vida conociendo los pozos. 
 
Férreo labrador de tierras mojadas, 
de ágiles dedos, guitarra cantora, 
alegre señor de las alboradas 
 
del alma, como la sutil aurora… 
¡Ay, tan melancólicas sus miradas! 
Un requinto que sin voz enamora… 

17/09/07 
 

AFRODITA

Baltazar Ruiz 

No es el mar 
-Afrodita- 
quien te da vida esta tarde. 
Sino mi corazón 
brumoso, 
impasivo, 
vasto de olas y versos 
que en su vaivén 
trata de encontrarte 
desde un lugar más profundo 
que el mismísimo 
tártaro.
 
 
 
 
 
Adonis Baltazar Aparicio Ruiz.

Nació en San Salvador, El Salvador, el 5 de enero de 1991. Estudiante de Tercer Año de Bachillerato en Salud del INSAL. Forma parte del taller literario Los Poetas del 5 de la Casa de la Cultura de Soyapango. 
 
 

 

TEMPLO SANTA LUCIA 
Silvia Ascencio 
 
Castillo que desde lejos te asomas. 
Puertas del buen camino de la vida. 
Manantial de luz de la fe obtenida. 
Devoción que iluminas mil aromas. 
 
Desde lejos sorprenden tus campanas. 
A tus lindos atrios ángeles llaman. 
Brillan luces de amor que nos aclaman: 
Son ojos abiertos esas ventanas. 
 
Me llena de la Virgen su ternura: 
Dándome bella mirada divina, 
linda Patrona de nuestra cultura. 
 
Tú para mi alma mejor medicina 
Y para mi corazón mejor cura… 
Santa Lucía, templo que ilumina.
 
 

HERMANOS CAÍDOS

Silvia Ascencio 

Tierra frígida, 
ojos que los vieron caer, 
oscuridad en plena luz del día, 
en tus brazos ellos vieron otro amanecer. 
 
Si manantiales fueron sus ojos, 
aquí en este suelo hay grandes heridas, 
el dolor y el despojo, 
al arrebatarles tristemente sus vidas. 
 
Riachuelos tiñeron a la tierra y al cielo 
porque para siempre serán testigos; 
así como también seguirán de duelo 
por nuestros fusilados amigos. 
 
El martirio tuvieron como abrigo, 
fue inmensa la tortura de nuestros hermanos. 
Esa historia triste es la que comparto, 
aunque sus muertes no hayan sido en vano. 
 
Infinidad de huellas que aún no se olvidan, 
en este sagrado lugar, 
por la pérdida dolorosa 
de nuestros hermanos caídos.
 

Silvia Rosalina Ascencio Rivera 
Nació en Tamanique, Departamento de la Libertad, El Salvador, el 27 de marzo de 1986. Actualmente, reside en la comunidad Zacamil 1 de Suchitoto. Integrante fundadora del Taller Literario Suchitoto Nuestro de la Casa de la Cultura de Suchitoto. 
 

POEMA PARA UN NIÑO

Juan Vásquez 

Niño dónde está tu secreto 
que te da tanta energía 
para pasar tan inquieto 
moviéndote todo el día 
 
Te levantas de la cama 
vas al patio, vienes a la cocina 
ríes con tu programa 
y no quieres tu medicina 
 
En tus manitas terrosas  
tienes gran energía 
para mover tantas cosas 
sin descansar todo el día 
 
Siempre estás preguntando 
con mucha filosofía 
y así aprendiendo y jugando 
se te hace muy corto el día  
 
Por ti no hay noches oscuras 
por ti no falta el cariño 
me gustan tus travesuras 
y tu perfume de niño.
 
 

UN POEMA LEJANO

Juan Vásquez 

Un día nueve de noviembre  
partiste en una fría madrugada  
dos años después y en Diciembre  
te encuentras en la tierra soñada.  
 
Al partir de la ciudad de Ahuachapán  
lloraron esos ojos tuyos  
por que en este pueblo se quedaban 
tus hijas que parecen dos capullos.  
 
Tu Patria no te quiso dar  
oportunidad de un digno trabajo  
por eso tuviste que emigrar  
como lo han hecho muchos desde abajo.  
 
Tu fuerza fundida como el hierro  
te hizo seguir siempre adelante  
atrás quedaba tu familia y perro,  
y tú acortando el camino caminante.
 

Pero tienes el coraje de un sargento  
eres guerrera de noble corazón  
tu camino fue de largo sufrimiento,  
lo lograste y cumpliste tu misión.  
 
Tus niñas pendientes a tu llamada  
se alegran con el eco de tu voz por  
la noche te sueñan en su almohada  
y oran por que te bendiga Dios.  
 
Paty, hija, que la esperanza doblegue tu fatiga  
que tengas más fuerzas en tus manos  
que seas cada día más amiga  
de la gente especial de los hispanos.  
 
A los amigos que siempre están contigo 
de mi parte un saludo navideño  
como muestra de amistad y de cariño  
de un poeta muy salvadoreño.  
 
24-12-07  
Ciudad de San Salvador, El Salvador.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Juan Antonio Vásquez García 

Nació en Berlín, Usulután, El Salvador, el 8 de febrero de 1952. Licenciado en letras. Su tesis de graduación versa sobre el análisis literario de la novela "Dolor de Patria" del escritor salvadoreño José Rutilio Quezada. A sus diez años participó en un concurso de poemas alusivos a la madre, patrocinados por la radio Oromontique de la ciudad de Santiago de María, Usulután, donde recibe reconocimientos por dos poemas. En 1966 resulta ganador de un concurso literario alusivo al décimo aniversario de la misma radio. En 1993 forma parte del taller de letras de la Universidad Francisco Gavidia. En 1995 obtiene tercer lugar y mención honorífica de los Juegos Florales de la Universidad Francisco Gavidia. En 2006 forma parte del taller literario Los Poetas del 5 de la Casa de la Cultura de Soyapango. En ese mismo año, exhibe sus pinturas al óleo en las Casas de la Cultura de Ahuachapán y Soyapango 
 
 

 DULCES OJOS 
Verónica Buendía

Dulces ojos transparentes  
-me ha dejado ver tu alma 
enamorada. 
Escucho tu voz entristecida, 
al parecer, es tu alma angustiada. 
 
Crece la ilusión perturbada…
¡Imaginándote! en sueños desesperado; 
¡escuchándome! cantarte un verso que  
con el alma te fue escrito. 
 
Mi senda alumbra con esos dos luceros  
que he de ver brillar un día,  
no dejo de pensar que fuiste musa,  
que yo enamorada versos escribía…

 
 
 
HÁBLAME

Verónica Buendía 

Háblame a distancia  
dime por qué tu ausencia…
Respóndeme en este cruel silencio. 
Aunque no pueda mirarte a los ojos. 
 
Hazme sentir que habrá en mí 
la fuerza de escucharte 
para esta vez entender tus palabras 
y marcharme de una vez 
diciéndote adiós.
 
 
 
 
 
 
 
 
 

 Verónica Buendía

Estudiante de Psicología. Escribe poesía y narrativa. Forma parte del Taller Literario Los Poetas del 5 de la Casa de la Cultura de Soyapango. 

 

OCTUBRE Y EL NIÑO DE LA CALLE

Iván Alejandro Villatoro  
 
Llegando los vientos de octubre 
el canto de los buses de la tarde 
el despertar de las paredes de ladrillo 
el baile de los árboles andantes, 
el viento liberando sus secretos, 
la tierra sofocando el sufrimiento 
el agua ahogando la esperanza, 
las sombras meditando a escondidas, 
la lluvia anegando la vida 
y las carreras de las diosas golondrinas 
decorando el paisaje de su triste realidad, 
realidad de piedra, 
realidad negada, 
realidad de niño... 
 
El niño con su tez morena como la tierra, 
mocoso, delgado, con un mundo en su cabeza por dentro, 
descalzo, su madre la calle y su padre la acera, 
el niño vigilado por la calle que crujía cada vez que 
daba un paso, 
buscando un lugar donde pasar la noche, 
y por fin, en medio de neblinas y basura putrefacta, 
el niño se encuentra pensando con la boca, 
estupefacto, ahogado en sus propios sentidos, 
pensando, mirando el por qué de su vida... 
 
Entretanto, el rugir de la calle, el silencio de la noche, 
el niño tratando de conciliar el sueño, 
aunque tenga por dentro un animal gruñendo, 
el reloj marca las dos de la madrugada, 
bandadas de murciélagos de fugaces colores, 
el niño durmiendo con su padre y en su madre, 
acompañado por sus eternos amigos, la basura y las 
moscas, 
revolcándose en su propio ser, sufriendo de frío, 
su cuerpo grasiento y helado, 
luchando por no descender, 
deseando el calor de una familia, 
aunque sea de mentiras; 
pero la niebla sepultó al niño, 
la noche mirando desde su cueva primitiva, 
el niño rodeado por personas invisibles, 
el niño muerto sin forjar su propio destino... 
 
La noche fúnebre devora a su inquilino, 
es arrojado a un vil abismo, chocando, 
compartiendo lugar con otros cuerpos, y por fin, 
el niño encuentra su familia y su destino, 
un puñado de tierra termina por asfixiar su último respiro, 
pero siguen cantando las paredes y los grillos, 
y la tierra embalsamando su inerte cuerpecito, 
sin recibir una leve muestra de cariño, 
fue abonando vanamente su destino...
 
 

Iván Alejandro Villatoro Contreras

Nació en San Salvador, El Salvador, el 2 de junio de 1993. Estudiante de Primer Año de Bachillerato General del Colegio Externado San José. Forma parte del Taller Literario Los Poetas del 5 de la Casa de la Cultura de Soyapango. 

 

CONVERSACIONES

Karen Méndez

Los ojos del cielo

hacían la digestión en mi garganta

la luna

me lanzaba versos

desde su cama,

buscaba oscuridad

para fotografiar su visita

con un leve gesto de impaciencia

le silbaba a las estrellas,

así me enamoré de la esperanza

que esta noche regalé

a mi mirada.

 

APRENDER

Karen Méndez

Me gusta que esté inconcluso

para que no comprendas

investigues,

me busques,

necesites de mí

y al encontrarme y encontrarte,

sepas que aún

no has comprendido

leer mi cabello.

 

de la Antología Poética Retornos

 

Karen Méndez

Nació en San Salvador, El Salvador, el 8 de diciembre de 1987. Integrante fundadora del Taller Literario Serpientemplumada de Soyapango. Estudiante de periodismo de la Universidad de El Salvador. En 2002, publicó su primer poemario titulado: “Ars Poética”.

 

 

21

René Novoa


Tu voz me sabe a camino,
a amanecer de un día,
a noche plagada de luces.
A veces se aleja de mí
y jura que es definitivo,
entonces quedo viéndome los pies
o muevo una mano
para espantar algún recuerdo.
En ocasiones regresa para cerrarme los labios
y abrirme los ojos,
y me cuenta que se enredó en una garganta,
en los muslos de alguna mujer
o que se sentó frente a la puerta de una casa,
en cualquier ciudad.

Tu voz se precipita en los caminos,
corrompe, resucita,
va desnuda por las calles
bailando una canción que nadie canta,
arrastra los pies
y nace un niño,
sabe de memoria los nombres,
los cumpleaños,
de todos los que han muerto;
corre
y los pájaros regresan,
corre
y aparece
–casi imperceptible–
una sonrisa en el rostro de los abuelos,
corre
y vuelve a mí, bailando.

Tu voz,
es la mejor cura contra los años.

Soledades

René Novoa

 

Hay soledades
que de tanta compañía están solas,
soledades que se nos marchitan en los labios,
soledades benignas,
soledades de a pie,
soledades que nos atrapan en el centro de una cama
y a la orilla de una hora,
soledades que invocan un llamado,
soledades giratorias,
soledades en voz baja,
soledades en los baños.

Hay soledades que espantan fechas y animales,
soledades que se ocultan en un puño,
soledades que no se cansan de esperar,
soledades compartidas,
soledades a medias,
soledades en un lente,
soledades que se deslizan por una espalda de mujer,
soledades que cierran los ojos,
soledades que aún fuman en la ventana.

Hay soledades que detesto por pequeñas
y porque sólo existen cuando vos estás dormida
o cuando yo camino lento.


René Novoa
Nació en Tegucigalpa, Honduras, en 1976. Sus poemas han sido publicados en diarios y revistas nacionales, así como en la revista alemana Portuñol y en la revista chilena Los Poetas del 5. Además, integra las antologías internacionales Colección Sensibilidades, Alternativa Editorial, Ourense, España (2002), y Letras Libres, Editorial Letras Libres y Libros de Autor, Ourense, España (2005).

 

SIN TITULO ALGUNO

Kenia López

I

La hora de mi muerte

marcará la huella

que el semen de mis palabras

dejó en  la montaña de tus sienes.

II

No supliques

ahora más que nunca

me niego a escuchar el grito

que desde tu vientre desgarra

las paredes de mi habitación

tragándose mis espantos

y la sombra del hombre que ayer fui

y no seré más.

III

Miro tus ojos

y abro la dura coraza

que envuelve al niño

que juega en la oscuridad.

IV

En la acera

todo se cae.

Y el viento por fin

recogió tus labios.

 

de la Antología Poética Retornos

 

Kenia López

Nació en Soyapango, el 29 de septiembre de 1987. Integrante del Taller Literario Serpientemplumada de Soyapango. Estudiante de Derecho en la Universidad de El Salvador.  Cultiva la poesía y la narrativa.

 

Edgar Alfaro Chaverri

“Del fruto de la boca del hombre
se llenará su vientre;
se saciará del producto de sus labios”
Proverbio 18:20

– ¿Qué tienes hoy para nutrir el alma?

– Pues verás:
tengo un poema aderezado
con especias celestiales
una palabra con cebolla
un verso con cilantro
un adiós con ajo inolvidable
y un amén con perejil...

El apio proverbial
va en el jugo de tomate
y la horchata es con azúcar
de no darse nunca por vencido
de postre tengo los tres tiempos
un Jesús en oración...

¿Qué más puedo ofrecerte, acaso
tomar un cafecito con Jehová Dios?

 

Edgar Alfaro Chaverri Soto.

Miembro fundador del Taller Literario Xibalbá en 1985, sus poemas han sido premiados en diferentes certámenes literarios del país, destacándose el segundo lugar obtenido con Noche bruja en 1995 en los XVIII Juegos Florales Salvadoreños de la Casa de la Cultura de Zacatecoluca, así como la mención honorífica que recibiera con el poemario Por los senderos iluminados de la U y otros poemas en el Certamen Roque Dalton de la UES en 1988 y el segundo lugar obtenido con Ven conmigo y otros poemas en el I Certamen Alfonso Hernández de ASTAC en 1990. En 1997 publicó la plaquette Noche bruja, Editorial Mazatli, también aparece en las antologías, Piedras en el huracán de la Dirección de Publicaciones e Impresos (DPI) de Concultura, y en Antología de una década, además, en Cuando el silencio golpea las campanas, de la Editorial Sombrero Azul de la Asociación Salvadoreña de Trabajadores del Arte y la Cultura (ASTAC). Colaborador del Suplemento Tres Mil del Diario Co Latino. Comparte sus conocimientos artísticos-culturales con talleres literarios de El Salvador, incluyendo al Taller Literario Los Poetas del 5 de la Casa de la Cultura de Soyapango.

 

 Huasipungo

Andrea Cote Botero

Muchas veces arriban a la noche
enloquecidos por el opio de su sangre.
Otras, van insertándose como relámpagos
por una ráfaga de miedo
seguidos por una procesión de blancos
derramados en la arena.
Ahora serán ellos los esclavos
teñidos por su sangre
rasgándose la ropa
danzan gimiendo del lado de la hoguera
sus cabellos crepitantes
sus lenguas enroscadas entre llamas
la muerte ebria de venganza
reflejada desnuda en los puñales
una cabeza blanca entre los mares
partida a latigazos
ellos eyaculan sobre sus tumbas profanadas
regresan hasta sus lápidas abiertas
por una fiebre de cien años.

del libro La Merienda

 

Puerto quebrado

Andrea Cote Botero

Si supieras que afuera de la casa,
atado a la orilla del puerto quebrado
hay un río quemante
como las aceras.

Que cuando toca la tierra
es como un desierto al derrumbarse
y trae hierba encendida
para que ascienda por las paredes,
aunque te des a creer
que el muro perturbado por las enredaderas
es milagro de la humedad
y no de la ceniza del agua.



del libro Puerto Calcinado

Andrea Cote Botero

Nació en Barrancabermeja en 1981. Es Licenciada en Español y Literatura de la Universidad de los Andes, de Bogotá. Se ha desempeñado como docente de Literatura. Entre 1999 y 2001 dirigió el Festival Internacional de Poesía de Barrancabermeja. Ganó el Concurso Nacional de Poesía Universitaria, convocado por la Universidad Externado de Colombia en el año 2002. Es colaboradora del Festival Internacional de Poesía de Medellín. Sus poemas han sido publicados en periódicos y revistas de Colombia, México y Nicaragua.

Es la autora del libro Puerto calcinado (2003), publicado por la Editorial de la Universidad Externado de Colombia en la colección Un libro por un centavo que circula con la revista El Malpensante. Poemas de Puerto Calcinado han sido traducidos al inglés, italiano, macedonio, alemán, francés y árabe y han sido incluidos en varias antologías de poesía. En palabras del poeta Juan Manuel Roca, Puerto Calcinado “revela un impulso por no escamotear ni la tragedia, ni el olvido, en los que se envuelve nuestro drama individual y colectivo”. Según lo señala la poeta colombiana Piedad Bonnett: Andrea Cote es hoy por hoy una de las voces jóvenes más interesantes de nuestra poesía. La suya recrea, en un lenguaje ambiguo, pleno de significados, un mundo muy propio, de tendencia intimista, poblado de elementos recurrentes que señalan la urgencia de sus fantasmas, la necesidad de transformar la experiencia en palabra.

Otros libros publicados son: Blanca Varela y la escritura de la soledad (2004) y Una fotógrafa al desnudo. Biografía de Tina Modotti (2005). En el año 2005, recibió el Premio Mundial de poesía joven “Puentes de Struga”, otorgado por la Unesco y el Festival de Poesía de Macedonia. En 2007, su poemario inédito A las cosas que odié, recibe Mención en el Premio Internacional Rubén Darío otorgado por el P.E.N. Club de España a la joven poesía latinoamericana. Andrea Cote Botero ha sido traducida, entre otras lenguas, al inglés, francés e italiano.

 

NOCTURNO

Jorge Ramírez

El polvo me ha llamado

en su voz dulce y ajada.

 

Me ha llamado, una, dos

o cuatrocientas mil veces.

 

Su voz de guitarra triste y llorona

Interpretan el silencio lúgubre de la noche,

celebrando en vino añejo

el mitin tieso de la muerte.

 

Soy un pájaro nocturno

para la mujer y para la copa

recorriendo la piel de las flores

en el lecho suave de las sombras.

 

Cultivando en los bares amistades

y escupiendo mis versos, en los labios femeninos.

 

No soy dueño de nada

ni nadie me manda mis sueños,

sueños que se quedarán quietos,

cuando me bese la muerte…

 

del libro Mi Patria en el Corazón.

Jorge Ramírez

Poeta salvadoreño. Nació en Soyapango, el 18 de agosto de 1965. Fundador de los talleres literarios "Barbasco"(1987), "Izote"(1997) y  “Los Heraldos de la Noche” (2008) Sus obras poéticas: "Mariposa Azul" ,"Escarcha" y “Mi Patria en el Corazón”

EN FUGA

Mónica Gameros

¡Mira, obsérvalo con calma!
Con paso lento, posa tus ojos sobre él.

¡Escucha el sonido de su desintegración!

Shhh, Susurra…
¿No lo escuchas?
Es el tiempo que se resbala;
que se va sin que puedas hacer nada.

Se resbala, se escurre, se escapa…
se fuga en finos hilos luminiscentes,
a máxima velocidad,
se te va por las grietas de tu mano rota
.



Mónica Gameros García

Nació en México, D.F., México en 1971. Escritora, Periodista, artista visual y radioasta. Mención honorífica en la selección “Poetas en contraflujo” de la VI Feria del libro de la Ciudad de México, 2006. Dirección editorial de la Colección DESTOSDEMEDOS, Dirección y producción editorial del proyecto de periodismo independiente Cyberradio Alternativa con revistas: Grado Cero magazine (revista cultural y científica), Metamorfosis radioactiva (Radioarte), CyberRevista y Moonsterradio (revistas poéticas).

 

LA ESPERANZA

Néstor Danilo Otero

Me pregunté esta mañana:
¿Qué es la esperanza?
Hice una pausa y respondí...

La esperanza es,
un faro iluminando al mundo,
un libro esperando ser leído,
un trino de torogoz eterno,
un vivir sonriendo,
un vivir soñando.
La esperanza está,
en el niño que asiste a la escuela,
en los hombres y mujeres que luchan,
en las lágrimas de una madre cariñosa,
en el libro de libros,
en la vida,
en el creciente y necesario amor.

Es la esperanza.
El mundo necesita esperanza.


Octubre, 2004.

Néstor Danilo Otero

Nació en San Salvador, El Salvador, el 7 de noviembre de 1978. Estudiante de Licenciatura en Ciencias Jurídicas. Editor del blog Patria Literaria. Fundador y coordinador de los talleres literarios Los Poetas del 5 (2006) y Suchitoto Nuestro (2007). Colaborador con medios de comunicación escritos alternativos.

 

LOS ZAPATOS Y EL SOMBRERO MÁGICO DE VIOLETA

Silvia Ascencio

Taller Literario Suchitoto Nuestro.

Casa de la Cultura de Suchitoto.

 

Había una vez en un pueblo muy lejano, cuyo nombre no recuerdo, donde hacía varios años la gente no vivía en paz y nunca nadie sonreía y tampoco conocían el don de la felicidad porque todo en el pueblo era dolor, angustia y desesperación. En aquel lugar, en una humilde casa hecha de paja con ventanales de zacate, con piso de tierra y piando la pobreza se encontraba una señora de buen candor esperando con ansias un bello regalo del cielo. Su nombre Soledad. Al igual que los demás habitantes era parte del silencio pueblerino junto a su padre Don Belarmino quien siempre era visto sentado en un viejo taburete, fatigado de la vida, con su cabello nevado y sus ojos melancólicos deletreando unas lecturas de la Biblia con unos pedazos de lentes que un día se encontró en el parque. La señora Soledad siempre lo acompañaba.

— Papá!dijo Soledad— tienes que acostumbrarte a como es la vida en el día de hoy, aunque yo espero que algún día vuelva a ser como en los viejos tiempos.

El anciano triste, respondió:

— No sé si mis ojos verán nuevamente un bonito amanecer.

Y así pasaban los días hasta que Soledad, una noche cuando la luz de la luna estaba en su esplendor, trajo al mundo a una hermosa niña, brillante como las estrellas y tan mágica como el viento que se lleva el olor de las rosas. La niña en sus ojos dibujaba una alegría infinita. Soledad junto a su padre decidieron llamar a la pequeña Violeta porque su lindura era igual a la de las flores. Soledad, a pesar que su esposo había fallecido entre la oscuridad de aquel pueblo, se esforzaba por ser feliz con su pequeñita. Fueron pasando los días, las semanas, meses y luego los años… Violeta había crecido. Su madre había conseguido un humilde trabajo de
lavandería. En una ocasión, Soledad llevo a Violeta a su lugar de trabajo. La casa de los patronos era muy grande y lujosa. Con unas salas hermosas y unos jardines florecidos. Lo tenían todo. Bueno, casi todo. Porque no tenían la llave especial del amor. La pareja de esposos de esta casa siempre discutían por todo. El hombre maltrataba a su mujer. Le daba golpes como quien entrena en boxeo. Sus hijos le temían y se escondían debajo de las camas. Miraban el sufrimiento de su madre.

Ubicada en su área de trabajo, Soledad comenzó a lavar, mientras la niña le
preguntaba:

— ¿Madre, aquí también pasan encerrados como mi abuelo?

— Sí, hija. Sólo van del trabajo a la casa.

— Pero, ¿madre, por qué estos niños se miran tristes?

— No lo sé chiquita de mi alma. No lo sé… —contestó la señora un poco triste, porque sabía muy bien de la vida sufrida de los niños de ese pueblo.

Pronto regresaron ambas a su modesta casa.

La niña Violeta desconocía del dolor y sufrimiento que vivían todos porque ella siempre le sonreía a la vida. En su rostro figuraba una felicidad enorme. La gente se asombraba al mirarla.

Un día Violeta muy ansiosa le preguntó a su abuelo:

— Dime abuelito lindo, ¿Por qué los vecinos y tú viven muy tristes y desesperanzados?

Don Belarmino con los ojos llenos de lágrimas le dijo:

— Cuando yo era un niño, igual que tú, este pueblo era muy feliz. En los árboles siempre habían aves entonando sus cantos. En las tardes, la familia toda unida, disfrutaba de un hermoso atardecer al compás de la Orquesta Sifónica del Pueblo. Era tan marivolloso que desearía volver a esa época.

— Pero abuelito, ¿por qué ahora viven en silencio?, ¿Ni en el día hay personas en el parque?, ¿Ni en el árbol más lejano se escucha el trino de una ave?

— Pues, porque hoy —dijo Don Belarmino sollozando— el tiempo ha cambiado tanto. Porque hasta me acuerdo que la vecina de mis padres, compartía con nosotros unos de sus ricos frijolitos que cocinaba. Todo era paz y armonía. Pero con el transcurso de los años todo cambió. El tiempo fue perdiendo todo lo bueno que tenía. El amor se transformó en odio. El respeto falleció sin darnos cuenta. Y así transcurrieron los años. Mis padres murieron. Yo formé mi propia familia. Nacieron mis hijos, entre ellos, tu mamá. Y así también cambió el pueblo. Pues como verás, mi chiquita, ni en los árboles más bellos hay un pájaro cantando. Así ha ido muriendo nuestra paz y alegría.

— Abuelito, no te pongas a llorar…

— Me duele el dolor actual de mi gente. ¿Cómo es posible que la vida no valga nada, que la juventud viva sin propósitos, que los padres maltraten a sus hijos y los hijos irrespeten a sus mayores?
No hijita mía, la respuesta no está en tener cosas haciéndoles el mal a los demás.
Esto se ve sin futuro creo que moriré sin mirar la anhelada paz.

— No, abuelito. Verás que no. El tiempo cambiará y aún será mejor que antes. Porque yo le voy a pedir a Diosito para que nos ayude.

— Ojalá, chiquita de mi corazón, Dios nos escuche! —dijo Don Belarmino, un poco consolado. Mientras que la niña para verlo sonreír un poco le contaba chistes e historias muy bonitas. Pero, era imposible borrar la tristeza de aquel anciano.

Ya entrando a la semana de festejos de aquel pueblo, como tradición de todos los años, a todos los niños y niñas les regalaban un obsequio. Así Violeta estaba muy ansiosa porque llegara ese día.

— Oh, Dios! —comenzó a decir Violeta— Tú que todo lo ves, ayúdanos a salvar a nuestro pueblo que está atado al dolor y a la angustia. Hazme ese milagrito.

Y así se durmió la niña con ese pensamiento tan noble.

Entró en un sueño tan maravilloso en donde ella se miraba con un sombrero y un par de zapatos mágicos que la hacían volar entre las nubes. Esto a la gente, le causaba gracia y sonreía sin temor. Se olvidaban del dolor que les acongojaba. Y así siguió soñando la niña, viendo a su pueblo libre de la miseria y de tanto sufrimiento.

En la mañana siguiente, despertó con el cantar de los gallos. Los encargados del pueblo pasaron de casa en casa, dejando el regalo de cada pequeño. Tocaron a la casa de Violeta. Soledad y Don Belarmino, recibieron el regalo de la pequeña.

— Hija, ¿no vas abrir tu regalo? —dijo soledad.

— No, madre. Lo haré después. Se me hace tarde para ir a la escuela.

— ¡Qué Dios te bendiga hija!

— ¡Hasta pronto, mamá y abuelito!

Violeta iba muy entusiasmada rumbo a la escuela porque era el día de la fiesta. Al salir al primer recreo, reconoció a un niño, hijo de los patronos de su madre, que estaba en lo mejor de darse a golpes con otro niño.

Violeta corrió para donde ellos e interrumpe la pelea.

— ¿Qué les pasa, por qué están peleando?

El menor reconocido por Violeta, le contestó:

— Pues mira pequeña si mi padre todos los días golpea a mi mamá. ¿Por qué yo no puedo hacer lo mismo con el compañero?

A lo que Violeta respondió:

— Pero tu padre no vino a la escuela y nunca supo de moral. Tú aún puedes cambiar porque te estás educando para ser un hombre de provecho a la sociedad. Y acá en la escuela nos enseñan a fraternizar con nuestros compañeros para que tengamos paz y un mundo mejor.

El niño se sintió mal y pidió disculpas al compañerito agredido.

— Gracias, por hacerme razonar —dijo el niño.

— Recuerden compañeros de que si sus padres no tienen valores, pues nosotros
enseñémoselos a ellos —concluyó Violeta.

Al llegar la noche, la pequeña Violeta, se acordó de que no había abierto su regalo todavía. Llegó a su camita encordelada de cuero de vaca y comenzó a descubrir su regalo. Su sorpresa fue que el regalo consistía en un par de zapatos y un sombrero mágico. La niña se quedó muy asombrada porque eran los mismos que había
soñado.

La niña se puso los zapatos y luego el sombrero. Pensó en volar y ya estaba volando. Violeta se sentía tan feliz que pensó en contárselo a su madrecita y abuelito.

— ¡Este regalo es maravilloso! —dijo Violeta. Es el mejor que haya tenido en mi vida. Nunca pensé que mi sueño se hiciera realidad.

Luego los tres —Soledad, Don Belarmino y Violeta— se fueron a la iglesia. La pequeña llevando la caja del regalo. En el camino, un grupo de hombres de mala cara, los detuvieron para hacerles muchas preguntas.

Uno de esos malhechores les preguntó:

— ¿Es verdad que ustedes son las personas más felices de este pueblo?

A lo que Don Belarmino contestó:

— Si los demás no son felices, ¿cómo podemos nosotros estar alegres? Nuestro pueblo está llorando a gritos agigantados. ¿Cómo crees que vamos a reírnos si también nuestras lágrimas caen al ver a este pueblo apagársele la vida?

Los hombres poco entendieron las palabras de aquel anciano. Otro de ellos le preguntó:

— ¿Por qué dices esas palabras anciano sin razón, si apuras penas has salido hoy de tu choza?

Violeta les dijo:

— Las palabras de mi abuelo son muy ciertas y sabias porque vivió la paz, la justicia y la libertad en su tiempo y hoy le causa mucho dolor mirar a su pueblo encarcelado en la miseria.

Aquellos hombres quedaron boquiabiertos al ver la madurez precoz de la niña. Uno de ellos dijo:

— Esta niña es demasiado extraña.

Otro, frotándose la quijada, le preguntó:

— ¿Acaso eres mágica chiquilla?

Y el último de ellos la miraba de pies a cabeza y exclamó:

— ¡Esta niña es un ángel del cielo!

Sin decir una palabra más, aquellos hombres, se marcharon. Mientras que Violeta y su familia seguían su camino a la iglesia.

Antes de llegar a la iglesia. Violeta se percató del llanto de una menor que trataba de esconderse en una de las bancas del parque. Violeta dejó a su familia por un instante y se acercó a la niñita y le preguntó sutilmente:

— ¿Por qué estás llorando?

— Porque tengo frío y mucha hambre.

— ¿Y tus padres?

— Mi mami me dejó acá mientras busca algo de comer para las dos.

— ¿Y tu papá?

— A él nunca lo conocí.

En ese momento, Violeta recordó que también ella no había conocido a su padre. Pero sabía mucho de él, a través de Soledad, quien le contaba que cuando él supo la noticia de que ella estaba embarazada, el muchacho hasta bailaba de cabeza como un trompo. Además, en sus primeros meses de embarazo, el padre de Violeta, arrullaba canciones en el estómago de Soledad hasta el día fatídico de su muerte.

Por tal razón Violeta era una niña llena de amor y ternura porque sus padres desde que estaba en el vientre le daban todo el cariño del mundo.

Violeta conmovida le regaló a la menor su único suéter y un par de monedas que andaba en su pisterita.

La menor agradecida, abrazó fuerte a Violeta. La familia de Violeta acompañó a la menorcita hasta que llegó su mamá.

Violeta y su familia siguieron su camino hasta llegar a la iglesia.

Estando en el lugar, Violeta se dirigió corriendo hacia el altar, se arrodilló, luego cerró sus ojos y comenzó hacer la siguiente oración:

— Oh Dios!, gracias te doy por el regalo. Sé que tú me lo has enviado porque es bonito y mágico. Pero para mí la mejor magia que tiene que haber es la sonrisa de los niños y que ellos no sufran hambre y frío; que sus madres no sean maltratadas por sus esposos; que los hijos respeten a sus padres tanto como los padres
a sus hijos para que hoy en esta fiesta nazca solamente amor. Y que en el mundo entero no haya más guerras y que reine la paz en los hogares y las naciones.
Como bien dice mi madre, sólo tú nos puedes ayudar a cambiar a nuestro pueblo y al mundo, por eso yo te ofrendo este par de zapatos y este sombrero mágico, aunque son muy especiales para mí. Pero, tú me conoces y sabes que para mí, la mejor magia es el amor.

Y dejando su regalo en el altar, salió Violeta de la iglesia junto a todos los niños del pueblo rumbo al parque a la quema de pólvora. Dando inicio la reventazón de juegos pirotécnicos, en el cielo solamente se dibujaban con las luces el par de zapatos y el sombrero mágico que Violeta había dejado en el altar.

En ese mismo momento, los padres acariciaban a sus hijos. Los esposos abrazaban a sus esposas. La gente sonreía amigablemente como quienes acababan de despertar de un letargo. Don Belarmino abrazando a Violeta, esta vez lloraba de la felicidad infinita que sentía. Soledad inició un coro alegre de amor y paz y todo en aquel pueblo cambió.

***