Tu propia conciencia brillante,
vacía e inseparable del Gran Cuerpo del Resplandor,
no tiene ni nacimiento ni muerte
y es la luz inmutable e ilimitada.

Padmasambhava
Libro Tibetano de Los Muertos.

 

 

Lugar común

Vuelves a mí
porque el asesino
siempre vuelve
al lugar del crimen

Oscar Hahn

 

 

La pantera

Tras los barrotes la pantera
repetirá el monótono camino
que es /pero no lo sabe/ su destino
de negra joya, aciaga y prisionera.
Son miles las que pasan y son miles
las que vuelven, pero es una y eterna
la pantera fatal que en su caverna
traza la línea recta que un eterno Aquiles
traza en el sueño que ha soñado el griego.
No sabe que hay praderas y montañas
de ciervos cuyas trémulas entrañas
deleitarían su apetito ciego.
En vano es vario el orbe. La jornada
que cumple cada cual ya fue fijada.

Jorge Luis Borges.

 

 

lengua en blues
A vicente y francisca

“soy, pero soy también el otro, el muerto,
el otro de mi sangre y de mi nombre”


jorge luis borges

escuché tiernos pétalos tristes
navegando por rieles que cercaban mi voz
galopé en la piedra imaginé una lengua
que desangraba sus máscaras e indagué en la sombra
del espejo y no me vi sino en la síncopa ciega de mi tacto
que no es sino lo que es y lo que la noche me dice que es
recordé la luz intacta y errante
desnudé esa piel oscura que huía y traté de atarla
a su límite le ordené caí bajo su manto
la asemejé a mi mano e intenté dibujar el vuelo
del colibrí que se oculta que la trae y la lleva
que la entrega y la quita con su zumbido y su prisa
porque para mí la idea es el hecho la idea
es la imagen concreta del vuelo - pero no su figura -
la idea es el recuento de esas alas que zumban
como élitros locos como aspas que me comunican
y me alejan del sangramiento del parto como voces
que salpican videncia y se mueven de un lado a otro
en el éxtasis de morder un alfabeto
que se descascara y se ahueca
se relumbra y se inflama y vuelve a arder en la sombra
del torrente sin fin del río que nos llama
por nuestro nombre bastardo y ciego
por ese nombre que aletarga el ala
y misteria la sangre de los hijos
y nos obliga a vivir heridos
la miradaa través de la cicatriz retorné a las raíces
relajé el reflejo del relámpago en el río
tendí la mano lenta en el agua
y el oleaje respondió mi ruego
me colibrí en el animal que zumba en su talón
me hice hélice del tiempo y traje la aurora y su aullido
me hundí =arena= en su llama y aplaqué el lenguaje de la sangre
me vertí en la luz del espejo y grité
grité de nuevo nombre gemí de nuevo signo
lamí las manos y la sombra
me aletargué tras el último vestigio de la noche
fui directamente a la ceniza y me hice hueso
detalle óseo del que era y del que fui

busqué mi reflejo en los jardines idénticos del fuego
miré mi rostro por última vez
y me reí me reí me rehice
cambié la faz de esas sílabas fugaces
las llené de verdad me revolqué en el filo de mí
me revolqué en el olor de mi nombre
me revolqué en el color de mi sangre
me revolqué en el mirar de los míos
me nombré
y fui Cereño


Sergio Muñoz - Gabriel Cereño

 

 

Canto del alegre deseo del poemario Contienda. (1942)

Duendecillos de alegrísimos pies recorren mi sangre
y un pájaro, como una vívida llama,
se detiene sobre mi frente.Una hermosa mujer vestida de amarillo
en la noche vino y besó mis labios.
Una hermosa mujer con un ramo de espigas
entre los brazos, besó mis labios.Me levanté desnudo y encendido.
Todavía colgaban lianas de la luna
y el agua, como un pez de azogue
reía y saltaba entre las constelaciones.Por un oculto sendero subí a la montaña
muda y poderosa recostada en la noche.
Me guiaba un geniecillo verde de dorados ojos
que a ratos descansaba en la palma de mi mano.Entre las zarzas escogí las más dulces moras.
Le robé flores de fuego a la cayena y al bucare.
A la orilla de un charco corté una larga espiga de caña
que lentamente se mecía sobre el rostro de la luna.Asomada por el ojo de un último lucero, la madrugada
me vio persiguiendo la lapa de suave carne rosada.
Yo agitaba al aire mi arco flexible, y mojaba mi rostro
en el agua del alba y el sol naciente prendía brasas
en mis huellas caídas entre las hierbas.Una hermosa mujer vestida de amarillo
en la noche vino y besó mis labios.Para ella he limpiado el camino y he encendido la hoguera.
Para ella he regado con flores el umbral de mi choza.
Para ella he cortado una espiga y he cosechado las moras
y alegremente he cazado por quebradas y por laderas.Tengo una colcha de gayos colores, un lecho de hojas y pajas.Tengo una pulsera de hueso y un collar de dientes pintados.
Dulcemente transido de un ansia infinita, entre el sol y la sombra,Mi cuerpo gimiendo la espera.

Juan Liscano